Pulsa "Enter" para saltar al contenido

Los lametones entre gatos no siempre son cariño: un estudio apunta a una forma sutil de tensión

El acicalamiento entre gatos suele interpretarse como una señal de confianza. Dos felinos que se lamen la cabeza, el cuello o las orejas parecen estar reforzando un vínculo social, de forma parecida a otros animales que se asean entre sí. Sin embargo, una nueva investigación publicada en Applied Animal Behavior Science sugiere que ese gesto no siempre tiene una intención amistosa.

Según el estudio, realizado por investigadoras de la Universidad de Gante, algunos lametones entre gatos podrían formar parte de una interacción más tensa: una manera de molestar al otro, desplazarlo o presionarlo sin llegar necesariamente a una pelea abierta.

Un comportamiento con dos lecturas

El acicalamiento social, conocido como allogrooming, está presente en muchas especies. En gatos, hasta ahora se había descrito principalmente como una conducta afiliativa, es decir, asociada a la convivencia positiva y al vínculo entre individuos.

La investigación analizó vídeos enviados por propietarios de 53 hogares europeos con dos o más gatos. Tras indicar a los cuidadores qué tipo de interacciones debían grabar, el equipo seleccionó una muestra de cada participante y estudió los patrones de postura, contacto y reacción de los animales.

Los resultados apuntan a que el mismo gesto puede tener significados distintos según el contexto. En algunos casos, los gatos se lamían mientras compartían una postura corporal similar, permanecían juntos antes y después del contacto o mostraban señales compatibles con una interacción relajada. En esos escenarios, el lamido encajaba con la interpretación clásica de conducta amistosa.

En otros vídeos, sin embargo, el patrón era diferente: un gato lamía a otro desde una postura desigual, por ejemplo de pie frente a un gato sentado o tumbado, y el contacto precedía a señales de incomodidad o conflicto.

Señales que pueden indicar incomodidad

El estudio menciona varias respuestas observadas en los gatos que recibían esos lametones no deseados. Entre ellas se incluyen mirar fijamente, vocalizar, girar las orejas, lamerse los labios o dar un manotazo al otro gato. Estas señales no prueban por sí solas una agresión, pero sí pueden indicar tensión social dentro del hogar.

Para los propietarios, la clave está en no interpretar el lamido de forma aislada. El contexto corporal y lo que ocurre antes y después de la interacción pueden ser más informativos que el gesto en sí.

  • Si ambos gatos se acercan de forma relajada y permanecen juntos, el acicalamiento puede ser una señal positiva.
  • Si uno de los gatos se queda rígido, se aparta, vocaliza o responde con un manotazo, conviene observar la relación con más atención.
  • Si el lamido aparece de forma repetida en torno a recursos concretos, como una cama, una ventana soleada o una zona de descanso, podría estar relacionado con competencia por el espacio.

Por qué importa en hogares con varios gatos

La convivencia entre gatos puede incluir tensiones difíciles de detectar. A diferencia de los enfrentamientos evidentes, las señales sutiles pueden pasar desapercibidas para los cuidadores durante mucho tiempo. El interés de este tipo de investigaciones está precisamente en ayudar a reconocer interacciones que parecen neutras o incluso cariñosas, pero que podrían esconder malestar.

Los autores plantean que un lametón molesto puede funcionar como una forma de presión de bajo riesgo: una manera de decir al otro gato que se aparte sin recurrir a una pelea física. Esta interpretación todavía requiere más investigación, pero ofrece una lectura útil para veterinarios, etólogos y propietarios de hogares multicat.

También puede tener implicaciones para refugios y procesos de adopción, donde la compatibilidad entre gatos es importante. Entender mejor estas señales ayudaría a formar parejas o grupos con menos probabilidad de conflicto.

Qué puede hacer el propietario

Si un gato lame a otro de manera insistente y el segundo parece incómodo, lo recomendable no es castigar la conducta, sino revisar el entorno. En hogares con varios gatos suele ser útil disponer de suficientes zonas de descanso, comederos, bebederos, areneros y puntos elevados para reducir la competencia.

También conviene observar si los episodios se repiten siempre en el mismo lugar o alrededor de un recurso concreto. Si hay vocalizaciones frecuentes, persecuciones, bloqueos de paso o cambios de conducta, la orientación de un veterinario o de un profesional en comportamiento felino puede ser necesaria.

Para quienes disfrutan de la estética felina más misteriosa, esta noticia también encaja con una idea muy de gatos: no todo lo que parece amable lo es. En esa línea, puede verse la camiseta The Power in the Shadows, una referencia visual al lado más enigmático de estos animales.

La conclusión principal es sencilla: los gatos pueden lamerse por afecto, pero también por tensión. La diferencia no está solo en la lengua, sino en todo lo que rodea a la interacción.